Un renglón por toma
Cada medicamento tiene su horario. Al darse queda registrado a qué hora y quién lo administró.
Un centro geriátrico se juzga por lo que hace un martes cualquiera a las tres de la tarde. Esto es lo que pasa aquí ese martes.
No es una guardia que se llama por teléfono: hay personal en el centro en los tres turnos, y cada turno deja escrito lo que pasó en el suyo.
Es la parte donde más se equivocan los centros, y donde una hoja de papel con palomitas no sirve para nada.
Cada medicamento tiene su horario. Al darse queda registrado a qué hora y quién lo administró.
Si una toma no se dio, hay que escribir el motivo. El sistema no la deja guardar en blanco, y tampoco deja borrarla después.
Se compara contra el principio activo, no solo contra el nombre comercial. Una caja que no dice «penicilina» en la etiqueta igual dispara el aviso.
En una hoja de papel, omitir es simplemente no escribir. Por eso las omisiones son justo lo único que nunca se nota: no dejan rastro.
Aquí el horario existe aunque nadie lo haya tocado. Si llegan las tres de la tarde y ese renglón sigue vacío, la pantalla lo marca en rojo sin que nadie tenga que reportarlo — y sigue en rojo hasta que alguien escriba qué pasó.
Un número suelto no dice gran cosa. Lo que dice algo es que en cinco meses bajó diez puntos.
Qué puede hacer solo y en qué necesita apoyo, desde comer y vestirse hasta manejar su propio dinero.
Riesgo de úlcera por presión. Es la escala que decide cada cuánto hay que cambiar de postura a alguien que ya no se mueve solo.
Estado de ánimo y estado cognitivo. La depresión en el adulto mayor se confunde con demencia más seguido de lo que se cree.
Las valoraciones guardan cada respuesta, no nada más el total. Si mañana alguien discute un puntaje, se puede revisar reactivo por reactivo de dónde salió.
Un plan de cuidado que es igual para todos los residentes no es un plan: es una carpeta. Aquí cada persona tiene el suyo, y cada intervención cita la valoración que la justifica.
Dietas indicadas, apoyo en la alimentación de quien lo necesita, y registro de lo que realmente comió.
Baño, cambio de ropa, cuidado de la piel y de las uñas. Con la dignidad que corresponde y sin prisas.
Actividades grupales, estimulación cognitiva y tiempo acompañado. El aislamiento deteriora tan rápido como una enfermedad.
Una caída, un malestar, una noche inquieta: qué pasó, qué se hizo, si se llamó al médico y si ya se resolvió.
Cada residente con su lugar, y el registro de cuándo entró y de cualquier cambio.
Portal propio para consultar cómo va, y aviso cuando pasa algo que hay que saber.
Venga a conocer Serenity For Elderly Care un día normal. Sin cita previa si prefiere.